






Las brillantes y palpitantes masas de color caracterizan las obras maestras del expresionismo abstracto de Mark Rothko. Como ningún otro artista de su generación, Rothko desarrolló su propio vocabulario estilístico, creando lienzos a la altura del techo que se podían experimentar tanto como se veían, sumergiendo a los espectadores en el drama, la intimidad y la tragedia de la condición humana.