
Una colina verde ondula sobre planos beige y azules, mientras una forma ocre — sol, fruto o piedra — se impone en el centro. Es el paisaje que se reencuentra tras una larga ausencia: familiar pero transformado, como una memoria que regresa pedazo a pedazo. Los bordes rasgados de los papeles delatan el gesto manual, el retorno paciente a un lugar interior.