
Cuatro tulipanes amarillos se elevan desde un jarrón a cuadros, con tallos esbeltos trazados como pinceladas de tinta. Se las imagina en plena conversación, inclinadas unas hacia otras, compartiéndose secretos de flores. La composición ingenua esconde una geometría cuidada: el contraste entre el patrón riguroso del jarrón y la suavidad orgánica de las flores evoca la tensión entre orden y espontaneidad que atraviesa la obra de Solange Pinault.